domingo, 7 de febrero de 2010

Los libros

He roto y vuelto a romper todas las ideas que salen de mi cabeza y han ido a parar a una hojita blanca, buscando la idea original, la del millón de aplausos, la que reviente las pupilas del que lea mi ensayo. Este escrito es destinado a explicar lo que un libro puede dejar en mí, mas es complicado, porque un libro contiene miles de textos si se lee con atención.

La obra es “El guardián entre el centeno” del difunto Jerome David Salinger, puedo contar lo que me pareció: un muchacho harto de la cotidianeidad sale al mundo; su actitud es hipócrita porque critica la falsedad y él es más falso que las rosas negras; sale en busca una aventura; intenta resolver su adolescencia para ser tomado como un hombre; llega la decepción y una soledad gigantesca lo abruma, ésta es tomada por locura; cree entender al mundo; etcétera, alguien más ya dijo esto.

Por tanto las palabras que puedo decir en las próximas dos cuartillas están destinadas al fracaso y al olvido, tal vez, sólo tal vez, puedan acarrearme alguna felicitación de parte de mi profesor, de algún compañero que por curiosidad pida leer estas letras, que son torpes a comparación de las que saldrán de mí en unos años cuando cumpla la sentencia que elijo, la de escribir.

Sigo pensando en lo que puedo decir en mi ensayo, pero las interpretaciones son tantas que fácilmente puedo descartar todas por la falta de originalidad. ¿Qué habrá querido decir Salinger? No lo sé, francamente no me importa, es algo muy suyo como para que yo me ponga a interpretar algo que seguro le costó varios días decir y pensar.

Me imagino al buen señor carilargo tomando notas en alguna servilleta o bajo una lamparita con pluma en mano, borrando y tropezando con tu torpeza corregida con entusiasmo para dar vida a un buen libro. Sin embargo no es nada singular imaginar esto.

La cabeza ahora camina a marchas forzadas, pienso que debería tirar este ensayo a la basura; pero ya lo he reescrito tres veces y una quinta sería una humillación. Les cuento que en el primer intento traté de definirme a mí mismo a través de Holden Caufield; en el segundo busqué en la admiración que los muchachos como de mi edad tienen hacia las mujeres; en el tercero decidí interpretar con maestría y aplomo cada una de las figuras retóricas que Salinger utiliza, pero me pareció absurdo, así que hablaré de los libros en general y no de uno sólo.

Pienso y creo que lo hago con certeza, que no importa la calidad con la que sea escrito un libro, la gente seguirá sin leer. Si pudiera por casualidad o causalidad hacer que de mi mente, de mi corazón y mi tinta brote el mejor libro de todos los tiempos, superando a la biblia misma, al Quijote entero y a todas esas obras maestras que no he leído aún, la gente seguiría sin poner un ojo en la literatura; no es pesimismo, ni falta de fe, porque aún así lo intentaré, me gustaría que todos leyeran, que hubiera un libro que como por arte de magia acercara a la gente a la lectura, pienso que así el mundo sería un lugar más tranquilo.

Dejando las falacias de lado, todos los libros nacen porque la palabra es necesaria, es un rubí de leche sobre la lengua y es el único modo que se ha encontrado hasta el momento para vencer al tiempo, el ejemplo claro es que todos los escritores muertos (como Salinger), siguen brindando al mundo una cara interesante, viviendo en la mente de las personas, como los que hemos leído “El guardián entre el centeno” y hemos pensado “me la paso el día entero diciendo que estoy encantado de haber conocido a personas que me importan un comino.”[1]

Podemos atribuir ejemplos históricos, pero sería cansado citar y citar y hacer de esto algo realmente literario. Todos los escritores creo yo deben huir de la literatura y solamente ser bien sinceros consigo mismos y con lo que quieren decir, aquel que quiera hacer literatura está muy lejos de hacerla, porque los hombres que más artistas se sienten son los que menos arte albergan en su alma.

Los libros por tanto son necesarios y útiles para la mente, leer es un acto puramente existencial, es concientizar el destino, jugar con el rumbo de éste, es un diálogo depurado con las grandes mentes del mundo, sentir en carne viva la emoción de alguien ajeno, leer atribuye conceptos, ideas, el que lee es dueño absoluto de un don que se elige, abrir la mente, viajar, s y todas esas cosas que nos liberan.

Yo he leído y puedo decir que es un acto necesario para todo ser, porque entender nos permite modificar, moldear y leer nos regala el entendimiento. Pocos hombres se atreven a pensar algo realmente distinto, a contestarse las preguntas que lo envuelven y lo maldicen, a caminar por senderos más recónditos, por pasajes del alma donde la luz no llega a menos que se ilumine el pensamiento; ellos que caminan por la oscuridad del ser, son llamados locos, cínicos o genios y dan forma a la vida que conocemos, pero la mayoría de ésos lo apuesto, son los que han leído varios libros en su vida.



[1] El guardián entre el centeno. J. D. Salinger pág. 117

martes, 2 de febrero de 2010

Divide y vencerás, únete y serás invencible.

En las cosas necesarias, la unidad;

en las dudosas, la libertad; y en todas, la caridad.

San Agustín

El sistema político mexicano es criticado fuertemente en la mayoría de las ocasiones, no solamente por la nula argumentación que dan sus resultados en la sistema económico mexicano, sino por la capacidad de organización que posee.

La gente que tiene el control del Estado, debe construir una estructura económica sólida, que permita enfrentar los tiempos actuales, ya no se pide que sea una cara exitosa, sólo digna.

Aunque el verdadero reto no es de naturaleza económica[1] porque México es capaz de solventar planes de trabajo que ayuden al crecimiento. El problema reside en la falta de organización de la clase política mexicana.

Crear un sistema de desarrollo es relativamente sencillo, se debe potenciar la economía y dar orden al gasto público, aunque “en muchos de los casos, las potencias económicas privadas suelen dominar las deudas de Estados que, por eso mismo, dependen de ellas y están sometidos a su arbitrio. Dichos Estados no vacilan en convertir las deudas de sus protectores en deuda pública y tomarla a su cargo”[2] por esto mismo la dificultad reside en la política y no en la teoría. El problema del estancamiento en el tráfico no es el carro, sino quien lo maneja.

Esas propuestas que han dado los gobiernos de unos años para acá, son bastante inútles, porque su éxito es temporal, no existe un proyecto a largo plazo que pueda fomentar la capacidad económica, política y social del país. Desgraciadamente los partidos políticos están más preocupados por la contienda política, por la sucesión presidencial, por administrar el poder, que por ejecutarlo con las responsabilidades que éste conlleva.

Aquí un ejemplo, Jesús Ortega el líder nacional del PRD el 29 de enero dijo lo siguiente ““Estos priístas están francamente con evidente temor de que se constituyan frentes democráticos opositores que los despojen de un territorio que creen es su propiedad.”[3] Los partidos políticos se preocupan más por dividir que por unir, la unión hace la fuerza y no debería importar para una mejora social el nombre que se lleva, se debería buscar, por muy optimista que suene, el bien común de un país que lo merece.

Gracias a este tipo de acontecimientos “La utopía capitalista se ha consumado en la época de estos tomadores de decisiones,“[4] porque si la personas que tienen que fomentar la mejora y catapultar nuestra economía, discuten y hacen mella de cualquier acontecimiento por mínimo que sea, jamás podrán darse soluciones; para crear soluciones no se deben plantear más problemas.

Suponiendo que las autoridades algún día puedan unificarse como un sector político maduro, el siguiente reto está en “incorporar la economía mexicana a la economía mundial con el fin de generar un mercado suficientemente grande para nuestros productos, generando riqueza y empleos en nuestro país”[5]

Debido al inicio de las constantes crisis económicas que atañen a México desde hace más de veinte años, además de la enorme explosión demográfica, “las familias han tenido que acudir al mercado informal para realizar actividades mediante las cuales pueden obtener un ingreso.”[6] Esto fue una solución temporal e infectiva, porque con este tipo de comercio la recaudación fiscal es menor, el país no es capaz de generar impuestos y por tanto el déficit económico será mayor.

Las soluciones existen, son factibles y se ha demostrado; lo único que falta es un dirigente que sea capaz de enfrentar al poder fáctico, a los 200 grandes empresarios que dominan México, que sea capaz de difuminar las diferencias políticas, todos en teoría tenemos un bien común y los procesos de obtención son los que diferentes, pero aquí el único proceso posible es la adaptación, la unión de las fuerzas para crear una fuerza mayor.

El que sabe su error y no lo corrige está cometiendo dos errores[7], la clase política mexicana debe alzarse y contrarrestar los males que aquejan, para que nuestro país no vuelva a ser el número 143 del mundo en cuanto a crecimiento económico, porque México es un país que puede sostener su economía y cambiarle la cara a su realidad, los políticos deben unificarse y ser una fuerza activa que no se ponga trabas constantes para que el poder sea ocupado por otras manos.



[1] México 2025 el futuro se construye hoy, Luis Rubio, Oliver Azuara, Edna Jaime, César Hernandez, pag 29.

[2] El horror económico Viviane Forrester, pag 35, ed. Fondo de cultura económica

[3] http://www.eluniversal.com.mx/nacion/175261.html

[4] El horror económico Viviane Forrester, pag 59, ed. Fondo de cultura económica

[5] México 2025 el futuro se construye hoy, Luis Rubio, Oliver Azuara, Edna Jaime, César Hernandez, pag 21

[6] Ibid pag 33.

[7]Confucio